SEMBLANZA 8: EL TESTIMONIO FINAL

Tumba de Mons. Jesús Emilio Jaramillo M. Profeta y mártir de la paz

El testimonio final

Al leer sus últimas intervenciones, muchas veces concluí: está pensando en el audaz mensaje inicial de Juan Pablo II: “No tengáis miedo”, no tengáis miedo al esplendor de la verdad. Y es que, un alma de artista tan delicada como la de este Obispo mártir de la verdad, necesitaba ver su esplendor, como le fascinaba contemplar las bellas artes: era el esplendor de su vida eterna. Por eso su última acción fue hacer resplandecer la verdad. Só1o posee la verdad el que da la vida por ella, el esplendor de la verdad cristiana es, por eso, el martirio, la explosión del amor.

El 2 de octubre de 1989 entregó su vida por amor a la verdad: todo un pueblo, toda una nación estaban conmovidos por el extremo al que han llegado los alzados en armas con su proyecto criminal.

El Boletín Comunicación SPEC del Secretariado Permanente del Episcopado, describe así las circunstancias de su muerte:

“Pongámonos en la presencia de Dios y que se haga su voluntad. Esta es la cronología de las últimas horas en la vida de Monseñor Jesús Emilio Jaramillo, Obispo de Arauca.

Sábado 30 de septiembre de 1989.

“En las horas de la tarde del viernes 29 de septiembre, Monseñor Jesús Emilio  Jaramillo se reunió con el equipo de Pastoral Profética de la Diócesis de Arauca, para preparar el Contenido del Boletín Diocesano en el que estaba muy interesado y para el que, esa noche, preparó el Editorial. Fue este su último escrito.

Al día siguiente tenía planeado hacer visita pastoral en la Parroquia de Fortul.

El sábado por la mañana Monseñor visitó un Centro propiedad de la Diócesis que iba a ser entregado por las compañías petroleras y que Monseñor quería destinar para un seminario.

Hacia el mediodía de este sábado Monseñor g su equipo acompañante, se desplazaron en bus de Copetrán hacia la población de La Esmeralda, a donde llegaron en las horas de la noche. Se hospedaron en el instituto San José Obrero, situado en las afueras del pueblo.

El equipo que acompañaba a Monseñor, estaba compuesto por la Hna. Margarita. Jaramillo, encargada de la catequesis de la diócesis, el P. Helmer Muñoz, encargado de la pastoral profética. El principal motivo de esta visita pastoral era crear comités parroquiales de catequesis.

La visita pastoral a la parroquia de Fortul debía prolongarse, en los planes de Monseñor, hasta el 4 de octubre. En el Instituto donde pernoctaron, Monseñor se enteró de que el párroco de Fortul, P. Rubín Rodríguez había enviado su carro para que se trasladara en él a la parroquia.

Domingo 1 de octubre, 1989

Hacia las 7:00 a.m. Monseñor y sus acompañantes se dirigieron hacia la parroquia de Nuestro Señora del Carmen de Fortul, pasando por La Esmeralda. Llegaron hacia las 9 de la mañana. Inmediatamente iniciaron la preparación para la celebración de la Eucaristía que se realizaría hacia las 11:00 a.m. pues los niños para los bautismos ya estaban preparados.

Después de la Eucaristía, Monseñor hizo reunión y consagración con los niños de la Infancia Misionera. Entrada la tarde comieron y se retiraron a descansar”

Lunes 2 de octubre, 1989

La visita pastoral a la parroquia de Fortul, según los planes, se realizaría teniendo como base la casa parroquial de donde se saldría a las varias veredas.

Hacia lo 7:00 a.m., muy puntualmente, (a Monseñor Jesús Emilio le gustaba -y así lo solicitaba a sus acompañantes- ser muy puntual), salieron de Fortul para Puerto Nidio, un caserío atendido por la parroquia de Fortul y donde lo esperaba una comunidad muy bien preparada por el equipo de pastoral.

Acompañaban a Monseñor, el P. Rubín, párroco de Fortul, el P. León Pastor Zarabanda, el P. Helmer Muñoz que manejaba el carro, el seminarista Germán Piracoca y la secretaria de la parroquia de Fortul.

Siguiendo la ruta que conduce a Tame, salió el equipo misionero de Fortul y se apartó luego de este camino paro dirigirse a Puerto Nidia, a donde llegaron hacia las 9:00 a.m. para hacer la celebración prevista a las 11:00 a.m. según estaba en el programa.

La comunidad, los profesores, los niños etc. Recibieron con mucha alegría y entusiasmo a Monseñor. Se preveía que la celebración terminaría hacia las L2:40 p.m.

Pero los numerosos bautismos las primeras comuniones los matrimonios y confirmaciones, hicieron que la celebración terminara hacia las 2:00 p.m.

Después de la ceremonia, el equipo almorzó frugal y rápidamente, pues deseaba regresar pronto a la parroquia de Fortul para descansar y preparar la salida del día siguiente: visita y celebración en la vereda de San Francisco.

Hacia las 2.00 p.m. pasaditas el equipo salió de Puerto Nidia hacia Fortul. Momentos antes de salir le comunicaron o Monseñor Jaramillo y a su equipo, que en Puerto Nidia hacía poco habían inaugurado una estación de Telecom con la que se podía comunicar con cualquier parte de Colombia y los invitaron a llamar a donde quisieran.

Monseñor llamó o sus familiares residentes en Bogotá y, con gran admiración de ellos, les comentó que los estaba llamando desde la misión. El P Helmer también llamó a sus familiares. Por cierto uno de los señores que esperaba turno para llamar les pagó las llamados porque deseaba que fueran “cortesía de la comunidad”.

La comunidad despidió, alegre y agradecida, al equipo y le preguntó cuando iba a volver. Hacia las 2:30 p.m. salió el equipo finalmente para Fortul. Los comentarios del camino eran muy alegres y positivos. Monseñor Jesús Emilio Jaramillo se manifestaba contento por la magnífica recepción que le habían dado y porque había podido mostrar “la presencia de Dios que salva en una comunidad lejana”.

Habían caminado más o menos una hora y media cuando llegaron al caserío de Caranal Alto, cerca del cual hay un puente de tabla largo; al pasar este puente, tres personas armadas y vestidas como campesinos, le hicieron señas para que pararan. Preguntaron enseguida quien era Jesús Emilio Jaramillo, o lo que Monseñor contestó: Soy yo.

Con cordialidad y cortesía, las persones los invitaron a bajar todos del carro y volvieron a preguntar (a secas sin título alguno): ¿Quién es Jesús Emilio Jaramillo? Monseñor repitió la respuesta anterior. Entonces le dijeron que lo necesitaban para que llevara un comunicado al gobierno nacional y al intendente.

Al preguntárseles quiénes eran y qué pasaba, contestaron que pertenecían al Ejército de Liberación Nacional, que estaban secuestrados y que necesitaban a Jesús Emilio Jaramillo para que llevara un comunicado.

Luego preguntaron los secuestrados (sic) quiénes sabían manejar carro; se les contestó que dos de los sacerdotes manejaban. Invitaron entonces a los integrantes del equipo, menos a Monseñor y al P. Helmer que manejaba, a que se quedaran a orilla de la carretera, cogieron un carro y fueran a Fortul y avisaran que monseñor Jesús Emilio Jaramillo estaba secuestrado porque el Ejército de Liberación Nacional lo necesitaba para enviar un comunicado al gobierno nacional.

Cuando el P. Helmer Muñoz se dio cuenta que querían llevarse a Monseñor, les manifestó que él también se iba pues estaba acompañando a Monseñor. Los secuestradores hicieron subir a monseñor en la parte de atrás del carro, en medio de dos de ellos, el otro se sentó a la derecha del P. Helmer en la parte de adelante. Fue entonces cuando los secuestradores observaron que en el tanque del vehículo sólo había un cuarto de gasolina y ordenaron echarle la gasolina, que ellos pagaron.

Siguieron por la carretera, relativamente nueva, que de Caranal va hacia Palmarito y conduce hacia Panamá de Arauca: se cambiaba prácticamente de ruta, se regresaba en vez de continuar hacia Fortul. Pasaron por La Paz, continuaron hacia Los Chorros, posaron por Aguachica. Era un trayecto que se había iniciado a las 3:30 p.m. y ya era bien entrada la noche, serían algo así como las 7:00 p.m., cuando en un lugar despoblado, los secuestradores hicieron bajar a Monseñor y al padre y les comunicaron que debían esperar allí órdenes de sus jefes. Le insinuaron al padre que se alejara pues ellos tenían que llevar a Monseñor solo.

Ante la insistencia del padre por quedarse y acompañar a Monseñor, él lo llamó aparte y le dijo: “Pongámonos en la presencia del Señor y que se haga su voluntad”. Se absolvieron mutuamente y monseñor le dijo el padre que por obediencia se alejara para que no se complicaran las cosas.

Uno de los secuestradores le dijo al padre que a monseñor no le iba a pasar nada, que regresara a Lo Esmeralda y que viniera dentro de unas dos horas por él.

Tanto el Padre como monseñor les dijeron a los secuestradores que miraran que ya era de noche y que monseñor era un poco anciano y por eso se le dificultaba andar.

Cuando ya el padre empezaba a alejarse despacio, uno de los secuestradores se acercó al padre y le dijo que lo mejor era que se alejara y volviera al día siguiente por la mañana por monseñor, que lo buscara despacio y que lo empezara a buscar desde la escuela que quedaba ahí cerca. Cuando el Padre se alejó escuchó las últimas palabras de Monseñor: “Yo hablo con quien haya que hablar, pero por favor a mi muchacho no le vayan a hacer nada”.

El Padre se dirigió hacia Caranal Bajo o Gusanero, por cierto que Monseñor les decía a los habitantes del Caserío que no lo llamaran Gusanero sino Caranal, pues ese nombre sonaba mal para un sitio que empezaba a desarrollarse.

Martes 3 de octubre, 1989

Cuando aún no salía el sol, al amanecer, el Padre empezó a buscar a Monseñor por los sitios donde se le había indicado la tarde anterior.

A eso de las 8:00 a.m., de la mañana, al lado derecho de la carretera, lo encontró muerto. Estaba boca arriba, en forma de cruz, hecho trizas, sin su anillo episcopal y con la cadena del pectoral destrozada, un poco de masa encefálica estaba a un lado. El padre lo absolvió, rezó, lo cubrió con unas ramas y se regresó hacia Caranal a buscar el inspector para hacer el levantamiento del cadáver; a cuantos se encontraba les decía que habían matado al Obispo, pero la gente no creía, les parecía imposible que eso hubiera sucedido. En Caranal no estaba el inspector, tampoco estaba de Aguachica. Solicitó entonces a la jutia de Acción comunal de Caranal que lo acompañaran y con ellos hizo un acta de levantamiento y, envuelto en su alba y en la de Monseñor, echaron el cadáver en la camioneta de uno de los de la junta y se dirigieron hacia La Esmeralda. Pasaron por Sonta Isabel y llegaron a Caranal. Allí se encontraron con la ambulancia y un pobre ataúd que el padre había solicitado al hospital de La Esmeralda. Se hizo una pequeña ceremonia religiosa presidida por el párroco quien se dirigió a los presentes y protestó por lo sucedido a su obispo.

Estando ya en La Esmeralda, a la que habían llegado hacia mediodía, llegó el intendente en un helicóptero y manifestó que venía par el cadáver de Monseñor. Como en el hospital de La Esmeralda no hacían las necropsias, se arregló un poquito el cadáver y salieron paro Arauca en cuyo hospital se preparó el cadáver para ponerlo en cámara ardiente y luego sepultarlo.

Miércoles 4 de octubre, 1989

El 4 de octubre, en las horas de la mañana con la presencia de los dos cardenales de Colombio, el Sr. Nuncio, y unos veinte obispos s realizó el entierro de Monseñor en la Catedral de Arauca y con gran participación de sacerdotes, religiosos y fieles”.[1]

[1] Comunicado del  Secretariado Permanente del Episcopado No. 46, 1989

 

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