Vaticano confirma que la beatificación de Mons. Jaramillo será en Villavicencio

La Santa Sede confirmó a la Conferencia Episcopal de Colombia que, el próximo 8 de septiembre en Villavicencio, el Papa Francisco beatificará al Obispo de Arauca, Monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve y al sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, conocido como el “Cura de Armero”.

Así lo expresa el Sustituto de la Secretaría de Estado en su mensaje:

“Tengo la alegría de comunicarle que el Santo Padre ha dispuesto que el rito de beatificación de los venerables siervos de Dios Jesús Jaramillo Monsalve, obispo de Arauca, y Pedro María Ramírez Ramos, sacerdote diocesano, será presidida por Él personalmente el día 8 de septiembre de 2017, y tendrá lugar en Villavicencio, con ocasión de su viaje Apostólico a Colombia.”,

La beatificación  Mons. Jesús Emilio Jaramillo la realizará el papa Franciso el 8 de septiembre en la ciudad de Villavicencio  durante su visita a esta ciudad.

Datos biográficos

El Siervo de Dios Jesús Emilio Jaramillo Monsalve nació el 14 de febrero de 1916 en Santo Domingo, localidad perteneciente al departamento de Antioquia (Colombia). En el año 1929 ingresó en el seminario del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, realizando en diciembre de 1936 los primeros votos. Fue ordenado sacerdote el 1 de septiembre de 1940. Su primer destino fue en Sabanalarga, municipio colombiano situado en el departamento del Atlántico.

A partir de 1941 fue profesor de teología en el seminario del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal. En Bogotá, entre 1942 y 1944, completó sus estudios teológicos, tarea que compaginó con el apostolado en una cárcel femenina.

En 1945 fue nombrado director espiritual del Seminario de su instituto religioso y, meses más tarde, maestro de novicios. En febrero de 1946 realizó la profesión perpetua. En 1950 fue elegido asistente del Superior general, en 1951 fue nombrado rector del seminario y, finalmente, en 1959 fue elegido superior general del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, cargo que desempeñó hasta 1966.

En el bienio 1967-1969 dirigió el departamento nacional de laicos de la Conferencia episcopal colombiana.
El 11 de noviembre de 1970 fue nombrado obispo titular de Strumnizza y Vicario Apostólico de Arauca. Dicho Vicariato fue elevado a diócesis en julio de 1984, convirtiéndose el Siervo de Dios en su primer obispo residencial.

Realizó una importante tarea pastoral singularmente entre los campesinos y los indígenas, creando nuevas parroquias, promoviendo las vocaciones sacerdotales y desarrollando proyectos sociales y educativos, entre los que pueden mencionarse el hospital “San Ricardo Pampurri” en La Esmeralda, y el Instituto educativo “San José Obrero”, en Saravena.

Martirio material

El 2 de octubre de 1989, el Siervo de Dios Jesús Emilio Jaramillo Monsalve regresaba a su residencia, tras haber realizado la visita pastoral a la parroquia de Fortul. Viajaba en un automóvil puesto a su disposición por el párroco de Fortul. En el vehículo, junto al Siervo de Dios, viajaban otras cinco personas: el sacerdote Helmer José Muñoz, delegado diocesano de pastoral; el sacerdote León Pastor Zarabanda, párroco de Puerto Rondón; el sacerdote Rubín Rodríguez Salinas, párroco de Fortul; el seminarista Germán Piracoca; y la secretaria de la parroquia de Fortul, Claudia Rodríguez.

En torno a las 15.30 horas, el vehículo fue interceptado por tres hombres armados cuando atravesaba un puente sobre el rio Caranal. Éstos preguntaron quién era Mons. Jaramillo, y le indicaron que debía acompañarlos, asegurando que la única finalidad era que se hiciera portador de un mensaje para las autoridades civiles.

En el vehículo partieron el Siervo de Dios, los tres secuestradores y el sacerdote Helmer Muñoz, quien conducía.

Los cuatro ocupantes del vehículo que habían sido liberados fueron recogidos por un camión que pasaba. Mientras que el seminarista y la secretaria regresaron a Fortul, los sacerdotes León Pastor y Rubín Rodríguez permanecieron en la zona, pues los secuestradores habían asegurado que liberarían al obispo entre las 18.00 y las 19.00 horas.

Los tres secuestradores se identificaron como miembros del “Frente Domingo Laín Sanz” del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una organización terrorista de orientación marxista.

Por el camino, el Siervo de Dios señaló a los secuestradores que los sacerdotes y los obispos querían el bien del pueblo, que la violencia no era la solución de los problemas, y que él mismo se ofrecía como mediador. Tras ello, el Siervo de Dios inició el rezo del rosario, tras lo cual él y el sacerdote Helmer Muñoz se confesaron mutuamente.

Sobre las 18.30, los secuestradores hicieron detener el coche, y obligaron al sacerdote Helmer Muñoz a marcharse. Como éste se resistía, el Siervo de Dios le pidió que lo hiciera por obediencia. Los captores dijeron que podría regresar a recogerlo al día siguiente, sobre las 8 de la mañana. Entonces el Rvdo. Helmer Muñoz se alejó, y pasó esa noche en la localidad cercana de Brisas de Caranal.

Al día siguiente, 3 de octubre, dicho sacerdote regresó al mismo lugar, y encontró el cadáver del Siervo de Dios, con los brazos en cruz y el rostro desfigurado por los numerosos disparos.

La autopsia determinó que el fallecimiento se produjo sobre las 19.00 horas del 2 de octubre, causada por “dos heridas en la región escapular derecha por arma de fuego”. Los funerales se celebraron el 5 de octubre.

El “Frente Domingo Laín Sanz” del ELN emitió un comunicado reivindicando el homicidio. Sin embargo, en noviembre de 1989, temiendo una reacción adversa tanto a nivel nacional como internacional, el Congreso del ELN censuró el asesinato del Siervo de Dios.

Por cuanto hasta aquí se ha afirmado, consideramos que en esta causa se puede considerar probado el martirio material.

Martirio formalex parte Servi Dei

El Siervo de Dios era consciente del riesgo que sufría, pues había sufrido diversas amenazas y era objeto de calumnias, si bien él continuó ejerciendo su ministerio sin ningún temor.

Mons. Rafael Arcadio Bernal, su sucesor al frente de la diócesis, declaró que el Siervo de Dios, uno o dos años antes de la muerte, ya había manifestado ante el Comité Permanente del Episcopado Colombiano que era consciente del riesgo, pero que no quería abandonar el ministerio encomendado.

Esta conciencia del peligro se evidencia singularmente en la carta que escribió a Mons. August Peters el 29 de septiembre de 1989, precisamente cuando se disponía a realizar la visita pastoral a Fortul, donde encontraría la muerte.

A pesar de que pudo huir, refugiándose en Bogotá, él rechazó esta opción. En conversación con la esposa del testigo Luis Fernando Arango González, el Siervo de Dios afirmó al respecto:

«Ese es mi rebaño, yo tengo que estar allí […]. El deber mío es estar con mi grey, y en ningún momento puedo renunciar. Si he de morir ahí, tendrá que ser así, porque Dios lo quiere» (Summarium Testium, pp. 196-197).

Algunos testigos señalan que el Siervo de Dios, en el contexto de retiros espirituales al clero y a seminaristas, afirmaba que era necesario prepararse espiritualmente para el eventual martirio. Así, de la documentación procesal se evidencia una clara disposición al martirio por parte del Siervo de Dios. Aceptaba esta eventual muerte con amor y confianza en la Providencia.

Los testigos del secuestro afirman que el Siervo de Dios se mostró sereno ante lo que ocurría. El Siervo de Dios se preparó al martirio mediante la oración del rosario y la celebración del sacramento de la Penitencia, durante el trayecto que le llevaba a la muerte.

La vida ejemplar de este Siervo de Dios, confirmada por todos los testigos, constituía el presupuesto para la aceptación del martirio. Las pruebas subrayan sus virtudes cristianas y religiosas ejemplares, y concuerdan en que el martirio fue la coronación de tal vida virtuosa (Informatio, pp. 101-107).

Por todo ello, consideramos que en esta causa se puede considerar probado el martirio formal ex parte Servi Dei.

Martirio formalex parte persecutorum

El asesinato del Siervo de Dios no se produce en un contexto de persecución religiosa generalizada, como ocurre en otros casos estudiados por la Congregación para las Causas de los Santos.

El Ejército de Liberación Nacional (ELN), autor del homicidio del Siervo de Dios, es una organización guerrillera de orientación marxista-leninista y pro-revolución cubana. Muchos de sus miembros, entre los que se encontraban sacerdotes, hacían una fusión entre marxismo y cristianismo, interpretando el Evangelio en clave de reivindicación social de carácter marxista, hasta el punto que consideraban que el mensaje evangélico exigía la acción revolucionaria. Uno de sus miembros, el sacerdote Camilo Torres Restrepo, afirmaba que “el deber del cristiano es hacer la revolución”. Este grupo terrorista rechazó siempre cualquier posibilidad de diálogo con el gobierno.

En el comunicado por el que reivindicaba el homicidio del Siervo de Dios, el “Frente Domingo Laín Sanz” del ELN señala que

«se decidieron a luchar contra toda forma de explotación social, económica e ideológica, es decir, a combatir contra la burguesía, el imperialismo y todas sus estructuras de dominación dentro de la cual destaca la iglesia como símbolo de explotación y de alienación ideológica por medio de la cual ha sometido la oligarquía a todo el pueblo colombiano a través de los siglos y desde la llegada de los españoles cuando evangelizaron a nuestros indígenas a punta de espada, lanza y escopeta» (Summarium Documentorum, p. 387).

En el mismo texto afirman:

«Acogemos y respetamos la participación de la iglesia popular en la lucha contra el hambre, la miseria y la opresión» (Summarium Documentorum, p. 387).

Es decir, hacen una distinción entre lo que, por una parte, ellos definen como “iglesia popular” e “iglesia revolucionaria”, y por otra lo que denominan “iglesia reaccionaria” o “iglesia de la oligarquía”. Los miembros de esta última, señalan, defienden sus intereses ideológicos, económicos y sociales y

«no están interesados que en Colombia haya una transformación revolucionaria que acabe con la injusticia y la desigualdad» (Summarium Documentorum, p. 388).

Textos tomados de:  Relatio et vota sul martirio

SEMBLANZA DE MONS. JESÚS EMILIO JARAMILLO MONSALVE

EL HOGAR

La colonización antioqueña tuvo los mismos rasgos de heroísmo y arrojo del descubrimiento y la conquista. No se explican de otro modo las inconcebibles fundaciones de los primeros poblados en los riscos más empinados de este territorio de leyenda que es Antioquia. uno de esos pueblos fue santo Domingo, al nordeste del territorio.

Es notable que muchos asentamientos llevaran y conserven el nombre de los santos fundadores y patriarcas de la espiritualidad europea: los Franciscanos, Dominicos y Agustinos fueron los primeros evangelizadores de América y dedicaron las primeras comunidades cristianas a sus ilustres fundadores; por ello, este humilde cas erío se llama santo Domingo, que con el tiempo se hizo célebre por los hijos ilustres que produjo y, particularmente, por el notable número de sacerdotes y religiosos que ofrecieron sus familias cristianísimas al señor; así  llegó a merecer el título de “ciudad levítica” con otros pueblos antioqueños. Y uno de esos ilustres hijos fue Jesús Emilio Jaramillo Monsalve; surgió de una sencilla familia formada en el santo temor de Dios y en la paz de una piedad sincera, simple y ejemplar.

Fueron sus padres don Alberto Jaramillo y doña Cecilia Monsalve, quienes engendraron dos hijos: Jesús Emilio que nació el 16 de febrero de 1916 y María Rosa. Todos ellos llevaron la monótona y sencilla vida pueblerina, El padre artesano y la madre ejemplar ama de casa, iluminaron con su bondad la penuria de su hogar cristiano, que nunca alardeó de nada ni desesperó de su pobreza. Enviaron sus hijos a la escuela del pueblo y tuvieron el gozo de verse pagados cuando el hijo mayor decidió irse al seminario, cumplidos ya los 12 años de edad, en l928.

Una religiosa veneración guardó Jesús Emilio por sus padres, de quienes seguramente heredó las virtudes más apreciadas que practicó el resto de su vida: la sencillez, la humildad, el íntimo e intenso amor a Dios y la oración profunda. Con el más puro afecto, en la liturgia de su consagración episcopal, evocó su sagrada memoria en una emocionante oración: “te pido por mis padres en la carne, mi episcopado es una flor morada que acaba de germinar sobre su tumba, alimentada por el abono de sus santas cenizas”  [1]

(Sentados) Mons. Jesús E. Jaramillo, primero de izquierda a derecha

EL LLAMADO

En febrero de 7929 ya conocía Jesús Emilio la reciente fundación del primer Seminario para las Misiones Extranjeras que fundó en Yarumal, otro risco antioqueño, el joven Obispo Miguel Ángel quien después llegó a ser llamado el Obispo mide Colombia.

Tuvo noticia de esta extraordinaria novedad religiosa por el Padre Juan J. Arroyave en 1928. El Padre Arroyave fue uno de los primeros sacerdotes diocesanos que ayudó a Mons. Builes en la instalación y el primer desarrollo del Seminario; un hombre de Dios, en€ en pocos años dejó entre los sacerdotes y seminaristas la más cálida impresión de bondad y de ejemplar vida sacerdotal.

Esa noticia y ese mensajero fueron para Jesús Emilio el llamado profético como el del pequeño Samuel. De una vez por todas definió que atendería el llamado al sacerdocio misionero mientras el mismo Señor que lo llamaba, no le indicara, con igual claridad, que su divina voluntad era otra. Es impactante su declaración al solicitar su aceptación en el Instituto después de su noviciado:

“Quiero cumplir fielmente, confiado en las Tres Divinas Personas que inspiraron mi deseo, las promesas de esta Pía Unión. Declaro ser mi determinación firme, estudiada a las luces de la fe y de la razón. Pero, como deseo hacer la voluntad de Dios, seguiré otro estado si, en el futuro, su Divina Majestad se sirve mostrarme otro camino”. [2]

En febrero de 7929 inicia su Seminario Menor, al cumplir los 13 años de edad. La vida sencilla del comienzo del Seminario de Misiones se desarrolla en la pobreza y en la oración intensa, animada con el entusiasmo por el lejano ideal misionero y el ejemplo y fervor del Fundador; era entonces un grupo pequeño de unos 70 niños y 5 sacerdotes.

Y desde este primer año comienza también una serie de coincidencias providenciales que se repiten a lo largo de su vida. Precisamente ese mismo año de 7929 el Obispo Fundador llamó a colaborarle e n la formación humanística y sobre todo espiritual, al Padre Miguel Ángel Gallego, maestro y sacerdote, quien se apresuró a manifestar su entusiasta aceptación con el siguiente telegrama:

“Campamento 7 de abril de 7929. Señor Obispo, Santa Roso Osos. Gustosísimo empiezo mayo Seminario Misiones. Así alcanzo mi más bello ideal: maestro sacerdote. Páguele Dios impagable beneficio. Miguel Ángel Gallego”. [3]

El Padre Miguel Ángel dejó profunda huella, sobre todo en sus novicios, durante los 15 años que estuvo en el Seminario, hasta el día de su muerte. Hombre de acertada sicología, profundo conocimiento de la persona, exquisita espiritualidad, descubrió desde el primer día en las cualidades del seminarista Jaramillo todos los valores que fueron brillando con modesta expresión.

El nuevo alumno se distinguió por su dedicación al estudio y a la oración y por su responsabilidad en los deberes. Hombre de pocas palabras, pero de picante y fina ironía, fruto de su capacidad de análisis y nunca con intención de fastidiar, dotado de una fina y hermosa voz y algún arte musical, deportista y laborioso, dones que cultivó en adelante toda su vida.

No exageramos al declarar que destacó entre sus compañeros siempre por lo profundo de sus reflexiones; era lector empedernido de los mejores autores que analizaba agudamente.

Los artículos que entonces escribía por sus deberes de estudiante , parecen de una persona mucho más avanzada en el buen decir. De allí que fuera el pequeño orador en las faenas literarias estudiantiles, con lucidez y deliciosa sencillez. Ya empezó a mostrar e[ amor entrañable por la inmensa obra misionera que era el Seminario de Misiones, uno de sus grandes amores y al que se consagró sin condiciones. Por ello alcanzó, sin buscarlo, ser una de las más puras glorias en la historia del Instituto Misionero.

En los aciagos días del primer decenio de existencia del Seminario de Misiones de Yarumal, lo único que no escaseaba eran las necesidades y Ia penuria. En ese crisol purificador que encendía la humildad, la pobreza, el trabajo y el ideal inflamado, se formaron estos primeros misioneros; trabajo, oración y amor integrado el ideal lejano en el tiempo, pero ya vivido en el alma.

 

Los seminaristas eran los obreros y artesanos: ¿qué más se iba a hacer? Y et seminarista Jaramillo, con su menuda humanidad y su caminar siempre acelerado, iba y venía alegre entre todos, en esas jornadas laborales, como el mejor obrero; sin demostración de flojera ni desánimo, construía su casa, la casa de su ideal, movido por el Señor: “Si el Señor no construye la casa, en vano se fatigan los obreros”. [4]

Eran los años maravillosos del nacimiento del Seminario de Yarumal. Y ese ambiente rural donde se aspiraba el olor del campo y se contemplaban los espléndidos horizontes montañeros, saturó sin duda el alma de este hombre, de verdad predestinado, siempre fiel a los dones de Dios que tuvo la fortuna y Ia gracia sobrenatural de comprender, cultivar y asimilar en su alma simple: parece que fue grande desde pequeño.

Su mejor descanso fue sin duda la oración y la profunda reflexión en la lectura de los mejores autores cristianos, eclesiásticos y profanos. Nunca abandonó esta virtud descollante: siempre estaba una oración en su boca, una alabanza en su alma, un rosario en su mano y un libro ante sus ojos, del cual hacía destilar lo mejor cada vez que enseñaba.

[1] Alocución en el día de la ordenación episcopal

[2] Jesús Emilio Jaramillo

[3] Archivo Imey

[4] Salmo 126, 1

CONTINUACION

SU VOCACIÓN

ESTUDIOS TEOLÓGICOS

SU MINISTERIO

SUPERIOR GENERAL

SU EPISCOPADO

 

JESÚS EMILIO JARAMILLO Y EL CELO ARDIENTE HASTA EL SACRIFICIO

Mons. Jesús Emilio Jaramillo M. mxy

¿Qué sentido tiene el martirio?

Este hombre es muy conocido para nosotros —javerianos— pero quizá desconocido para algunos. ¿Qué puedo decir de él? sólo que fue un seminarista aficionado por la oración, un sacerdote amante de su Instituto, un predicador de talla internacional y un obispo mártir; sí, sacrificó su vida en sintonía con el Evangelio.

He tenido el honor, aunque sin merecerlo, de acceder a los documentos de su causa de canonización. En los interrogatorios que hacen a personas como el padre Abraham Builes MXY o Mons. Heriberto Correa Yepes MXY, que lo conocían desde niño, no dejó de impresionarme la manera cómo se referían a él en su vida de seminarista: “… de mucha oración, en los paseos que hacíamos de seminaristas, él se iba con unos cuantos a un lugar apartado a orar”.

Sus alumnos y compañeros destacan que cuando subía al altar, ¡se transformaba! seguramente veían en él a Cristo, ese es el llamado del sacerdocio, la plena identificación con Jesucristo. Y lo sintió tanto, de tal forma, que adquirió fama de orador no por un simple ejercicio de retórica sino porque cuando hablaba, no lo hacía desde su intelecto sino desde su alma, desde su corazón, desde lo más profundo de su ser en donde Cristo estaba y brotaba a flor de piel.

Cuando estaba ejerciendo su noble labor, en su hogar, en el Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, lo llamaron para que sirviera a la Iglesia Universal en la recién erigido Vicariato Apostólico de Arauca, a los 54 años como su primer obispo residencial. Allí se desempeñó no sólo como prelado sino como misionero, ¡nunca dejó de serlo! y tanta fue su entrega que lo hizo hasta la muerte, veamos la historia:

En Fortúl ya había un gravísimo antecedente de violencia: el párroco, Padre Raúl Cuervo, había sido asesinado en su propia casa el 25 de octubre de 1985. Ese crimen nunca se aclaró, dormía en la pesadilla de la impunidad. Acusaciones mutuas del ELN y la policía, pero ninguna luz que despejara las dudas y el carácter impune. En memorable homilía, tras el asesinato del párroco, Mons. Jaramillo dijo: “El Sarare está lleno de sangre, no hay lugar que no esté lleno de luto. Sólo hacía falta la sangre de un sacerdote para que la copa se llenara. Pero si hace falta más sangre, aquí está mi clero con su Obispo a la cabeza” (Octubre 22, 1985).

Monseñor Jaramillo anunció, a fines de septiembre de 1989, visita pastoral a Fortúl, el obispo inició su viaje acompañado por el Padre Helmer Muñoz.

“Como a las tres y media de la tarde del domingo, al cruzar un puente de madera sobre Caño Caranal, tres hombres fuertemente armados interceptaron a la comitiva episcopal. Hicieron detener el carro. Preguntaron: ¿Quién es Jesús Emilio Jaramillo?

Monseñor respondió: Soy yo, a sus órdenes.

Y le dijeron: Queda secuestrado.

Los sacerdotes acompañantes trataron de intervenir. Manifestaron que él era el Obispo y preguntaron para qué lo necesitaban.

La respuesta fue: “Pertenecemos al Ejército de Liberación Nacional y necesitamos a Jesús Emilio Jaramillo; es el que tiene mucha influencia y necesitamos que lleve un comunicado que tenemos para el gobierno, para el señor Intendente”; agregaron al secuestro a dos sacerdotes que sabían conducir vehículos.

Los guerrilleros ordenaron a otros miembros del equipo:” Ustedes se quedan aquí. Por aquí pasan muchos carros, digan que nosotros secuestramos a sus compañeros y que en dos horas los regresamos”. A la ingenua pregunta del Padre Helmer que conducía el vehículo  sobre si los guerrilleros creían en Dios, uno de  ellos respondió: “Mi dios es esto que tengo en mis manos (el fusil)”.[1]

Para resumir, el Obispo fue llevado por los guerrilleros, advirtiéndole al padre Helmer que fuera hasta La Esmeralda y regresara luego. Aquel 3 de octubre el Padre Helmer encontró el cuerpo sin vida de Monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve MXY, arrojado en el suelo, en posición boca arriba con los brazos extendidos en cruz. El acta de defunción anota como hora de la muerte, las siete de la noche, del dos de octubre. Trascribo los datos del examen de la necropsia:

“Heridas por proyectil de fuego en piel y faneras, estallido de ojo derecho, fractura de dientes en la mandíbula inferior derecha, orificio en el tórax, fractura tercio superior húmero derecho y metacarpianos derechos por proyectil de arma de fuego. Fractura de cráneo: fractura conminuta de hueso frontal, parietal y temporal izquierdos, occipital, fosa anterior y medio de cráneo; laceración cerebral masiva de lóbulo izquierdo de tallo cerebral. Fractura de 5 vertebras de la columna vertebral y 7 costillas. Laceración masiva del pulmón derecho y ápice del pulmón izquierdo. Arterioesclerosis, degeneración hepática.”[2]

No traigo a colación esto por amarillismo, sino para evidenciar la brutalidad de sus malvados justicieros. Según los informes recogidos, el “juicio” del E.L.N. en el cual se condenó a muerte a Monseñor Jaramillo había ocurrido seis meses antes. Según otros informes, la condena al Obispo la hizo el grupo guerrillero debido a que, por las intervenciones Pro Paz del Obispo, esa guerrillera se estaba relegando en importancia entre las comunidades. Los guerrilleros emplearon la estrategia de la difamación y la calumnia contra el prelado.

Tumba de Mons. Jaramillo en Arauca

Pero… en verdad ¿por qué lo asesinaron?, ¿si fue martirio?

No haré citaciones para no cansar al lector. El argumento es el siguiente: de un dinero del que estaba encargado Monseñor Jaramillo para los indígenas UWA se perdió una gran suma, millones para ser exactos, y obviamente le acomodaron ese delito a quien tenía la responsabilidad y el pago por él fue la muerte…

Pero “la verdad prevalecerá”, aquí está: en una carta manuscrita, a la que tuve acceso, del padre Abraham Builes Laverde MXY —su paisano, compañero y confesor— a  los investigadores de la causa de canonización de Mons. Jesús Emilio, el venerable anciano contó lo ocurrido: el secretario (no digo su nombre por las implicaciones que puede traer ello) del prelado fue quien robó esa gran suma de dinero, él mismo lo acepta en una carta al padre Rubén Salazar—hoy cardenal primado de Colombia—reconociendo su delito y proponiendo una forma de pago para que no lo enviaran a la cárcel.

Y la actitud de Mons. Jaramillo fue en todo sentido heroica, éste dijo al padre Builes: “en quien tenía toda mi confianza, me robó la platica de los indígenas, pero si lo denuncio lo mata la guerrilla”, es decir, que por proteger a su infiel secretario, quedó como ladrón ante los ojos de la guerrilla, los indígenas, el pueblo, la diócesis, Colombia toda. Pero él entendió que su imagen no era tan importante como la vida de un hijo de Dios

Es muy similar a lo que hizo san Maximiliano María Kolbe: “A la mañana siguiente, Gajowniczek fue uno de los diez elegidos por el coronel de las SS (nazismo) Karl Fritzsch para ser ajusticiados en represalia por el escapado. Cuando Franciszek salió de su fila, después de haber sido señalado por el coronel, musitó estas palabras: «Pobre esposa mía; pobres hijos míos». El padre Maximiliano estaba cerca y lo oyó. Enseguida, dio un paso adelante y le dijo al coronel: «Soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos». El oficial nazi, aunque irritado, finalmente aceptó su ofrecimiento y Maximiliano Kolbe, que tenía entonces 47 años, fue puesto, junto con otros nueve prisioneros, en ayuno obligado para que muriera. Los diez condenados fueron recluidos en una celda subterránea el 31 de julio de 1941.

Pero como —tras padecer tres semanas de hambre extrema— el 14 de agosto de 1941 aún sobrevivía junto a otros tres condenados y los oficiales a cargo del campo querían dar otro destino a la celda, Kolbe y sus tres compañeros de celda fueron asesinados administrándoles una inyección de fenol. Los cuerpos fueron incinerados en el crematorio del campo. Incluso en prisión y también en la celda de hambre, celebró, mientras pudo, todos los días la Santa Misa, distribuyendo la Comunión a otros prisioneros”[3]

Además de similar es evocador, pues antes de separarse Mons. Jaramillo del padre Helmer le pidió que lo confesara y lo absolviera.

Jesús Emilio Jaramillo Monsalve no sólo es mártir por haberse sacrificado por quien lo había traicionado, sino porque se entregó de tal forma a su pueblo, a su Instituto, a su Diócesis, ¡a Cristo! Que se olvidó de sí, cargando su cruz y entregándose a sus hermanos en un celo ardiente hasta el sacrificio.

Esteban Cañola Quiceno mxy

[1] Datos tomados de la página oficial de la diócesis de Arauca http://www.diocesisdearauca.org/?id=216

[2] Examen de necropsia, seccional de patología forense de Arauca, protocolo 044

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Maximiliano_Kolbe