Vaticano confirma que la beatificación de Mons. Jaramillo será en Villavicencio

La Santa Sede confirmó a la Conferencia Episcopal de Colombia que, el próximo 8 de septiembre en Villavicencio, el Papa Francisco beatificará al Obispo de Arauca, Monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve y al sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, conocido como el “Cura de Armero”.

Así lo expresa el Sustituto de la Secretaría de Estado en su mensaje:

“Tengo la alegría de comunicarle que el Santo Padre ha dispuesto que el rito de beatificación de los venerables siervos de Dios Jesús Jaramillo Monsalve, obispo de Arauca, y Pedro María Ramírez Ramos, sacerdote diocesano, será presidida por Él personalmente el día 8 de septiembre de 2017, y tendrá lugar en Villavicencio, con ocasión de su viaje Apostólico a Colombia.”,

La beatificación  Mons. Jesús Emilio Jaramillo la realizará el papa Franciso el 8 de septiembre en la ciudad de Villavicencio  durante su visita a esta ciudad.

Datos biográficos

El Siervo de Dios Jesús Emilio Jaramillo Monsalve nació el 14 de febrero de 1916 en Santo Domingo, localidad perteneciente al departamento de Antioquia (Colombia). En el año 1929 ingresó en el seminario del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, realizando en diciembre de 1936 los primeros votos. Fue ordenado sacerdote el 1 de septiembre de 1940. Su primer destino fue en Sabanalarga, municipio colombiano situado en el departamento del Atlántico.

A partir de 1941 fue profesor de teología en el seminario del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal. En Bogotá, entre 1942 y 1944, completó sus estudios teológicos, tarea que compaginó con el apostolado en una cárcel femenina.

En 1945 fue nombrado director espiritual del Seminario de su instituto religioso y, meses más tarde, maestro de novicios. En febrero de 1946 realizó la profesión perpetua. En 1950 fue elegido asistente del Superior general, en 1951 fue nombrado rector del seminario y, finalmente, en 1959 fue elegido superior general del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, cargo que desempeñó hasta 1966.

En el bienio 1967-1969 dirigió el departamento nacional de laicos de la Conferencia episcopal colombiana.
El 11 de noviembre de 1970 fue nombrado obispo titular de Strumnizza y Vicario Apostólico de Arauca. Dicho Vicariato fue elevado a diócesis en julio de 1984, convirtiéndose el Siervo de Dios en su primer obispo residencial.

Realizó una importante tarea pastoral singularmente entre los campesinos y los indígenas, creando nuevas parroquias, promoviendo las vocaciones sacerdotales y desarrollando proyectos sociales y educativos, entre los que pueden mencionarse el hospital “San Ricardo Pampurri” en La Esmeralda, y el Instituto educativo “San José Obrero”, en Saravena.

Martirio material

El 2 de octubre de 1989, el Siervo de Dios Jesús Emilio Jaramillo Monsalve regresaba a su residencia, tras haber realizado la visita pastoral a la parroquia de Fortul. Viajaba en un automóvil puesto a su disposición por el párroco de Fortul. En el vehículo, junto al Siervo de Dios, viajaban otras cinco personas: el sacerdote Helmer José Muñoz, delegado diocesano de pastoral; el sacerdote León Pastor Zarabanda, párroco de Puerto Rondón; el sacerdote Rubín Rodríguez Salinas, párroco de Fortul; el seminarista Germán Piracoca; y la secretaria de la parroquia de Fortul, Claudia Rodríguez.

En torno a las 15.30 horas, el vehículo fue interceptado por tres hombres armados cuando atravesaba un puente sobre el rio Caranal. Éstos preguntaron quién era Mons. Jaramillo, y le indicaron que debía acompañarlos, asegurando que la única finalidad era que se hiciera portador de un mensaje para las autoridades civiles.

En el vehículo partieron el Siervo de Dios, los tres secuestradores y el sacerdote Helmer Muñoz, quien conducía.

Los cuatro ocupantes del vehículo que habían sido liberados fueron recogidos por un camión que pasaba. Mientras que el seminarista y la secretaria regresaron a Fortul, los sacerdotes León Pastor y Rubín Rodríguez permanecieron en la zona, pues los secuestradores habían asegurado que liberarían al obispo entre las 18.00 y las 19.00 horas.

Los tres secuestradores se identificaron como miembros del “Frente Domingo Laín Sanz” del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una organización terrorista de orientación marxista.

Por el camino, el Siervo de Dios señaló a los secuestradores que los sacerdotes y los obispos querían el bien del pueblo, que la violencia no era la solución de los problemas, y que él mismo se ofrecía como mediador. Tras ello, el Siervo de Dios inició el rezo del rosario, tras lo cual él y el sacerdote Helmer Muñoz se confesaron mutuamente.

Sobre las 18.30, los secuestradores hicieron detener el coche, y obligaron al sacerdote Helmer Muñoz a marcharse. Como éste se resistía, el Siervo de Dios le pidió que lo hiciera por obediencia. Los captores dijeron que podría regresar a recogerlo al día siguiente, sobre las 8 de la mañana. Entonces el Rvdo. Helmer Muñoz se alejó, y pasó esa noche en la localidad cercana de Brisas de Caranal.

Al día siguiente, 3 de octubre, dicho sacerdote regresó al mismo lugar, y encontró el cadáver del Siervo de Dios, con los brazos en cruz y el rostro desfigurado por los numerosos disparos.

La autopsia determinó que el fallecimiento se produjo sobre las 19.00 horas del 2 de octubre, causada por “dos heridas en la región escapular derecha por arma de fuego”. Los funerales se celebraron el 5 de octubre.

El “Frente Domingo Laín Sanz” del ELN emitió un comunicado reivindicando el homicidio. Sin embargo, en noviembre de 1989, temiendo una reacción adversa tanto a nivel nacional como internacional, el Congreso del ELN censuró el asesinato del Siervo de Dios.

Por cuanto hasta aquí se ha afirmado, consideramos que en esta causa se puede considerar probado el martirio material.

Martirio formalex parte Servi Dei

El Siervo de Dios era consciente del riesgo que sufría, pues había sufrido diversas amenazas y era objeto de calumnias, si bien él continuó ejerciendo su ministerio sin ningún temor.

Mons. Rafael Arcadio Bernal, su sucesor al frente de la diócesis, declaró que el Siervo de Dios, uno o dos años antes de la muerte, ya había manifestado ante el Comité Permanente del Episcopado Colombiano que era consciente del riesgo, pero que no quería abandonar el ministerio encomendado.

Esta conciencia del peligro se evidencia singularmente en la carta que escribió a Mons. August Peters el 29 de septiembre de 1989, precisamente cuando se disponía a realizar la visita pastoral a Fortul, donde encontraría la muerte.

A pesar de que pudo huir, refugiándose en Bogotá, él rechazó esta opción. En conversación con la esposa del testigo Luis Fernando Arango González, el Siervo de Dios afirmó al respecto:

«Ese es mi rebaño, yo tengo que estar allí […]. El deber mío es estar con mi grey, y en ningún momento puedo renunciar. Si he de morir ahí, tendrá que ser así, porque Dios lo quiere» (Summarium Testium, pp. 196-197).

Algunos testigos señalan que el Siervo de Dios, en el contexto de retiros espirituales al clero y a seminaristas, afirmaba que era necesario prepararse espiritualmente para el eventual martirio. Así, de la documentación procesal se evidencia una clara disposición al martirio por parte del Siervo de Dios. Aceptaba esta eventual muerte con amor y confianza en la Providencia.

Los testigos del secuestro afirman que el Siervo de Dios se mostró sereno ante lo que ocurría. El Siervo de Dios se preparó al martirio mediante la oración del rosario y la celebración del sacramento de la Penitencia, durante el trayecto que le llevaba a la muerte.

La vida ejemplar de este Siervo de Dios, confirmada por todos los testigos, constituía el presupuesto para la aceptación del martirio. Las pruebas subrayan sus virtudes cristianas y religiosas ejemplares, y concuerdan en que el martirio fue la coronación de tal vida virtuosa (Informatio, pp. 101-107).

Por todo ello, consideramos que en esta causa se puede considerar probado el martirio formal ex parte Servi Dei.

Martirio formalex parte persecutorum

El asesinato del Siervo de Dios no se produce en un contexto de persecución religiosa generalizada, como ocurre en otros casos estudiados por la Congregación para las Causas de los Santos.

El Ejército de Liberación Nacional (ELN), autor del homicidio del Siervo de Dios, es una organización guerrillera de orientación marxista-leninista y pro-revolución cubana. Muchos de sus miembros, entre los que se encontraban sacerdotes, hacían una fusión entre marxismo y cristianismo, interpretando el Evangelio en clave de reivindicación social de carácter marxista, hasta el punto que consideraban que el mensaje evangélico exigía la acción revolucionaria. Uno de sus miembros, el sacerdote Camilo Torres Restrepo, afirmaba que “el deber del cristiano es hacer la revolución”. Este grupo terrorista rechazó siempre cualquier posibilidad de diálogo con el gobierno.

En el comunicado por el que reivindicaba el homicidio del Siervo de Dios, el “Frente Domingo Laín Sanz” del ELN señala que

«se decidieron a luchar contra toda forma de explotación social, económica e ideológica, es decir, a combatir contra la burguesía, el imperialismo y todas sus estructuras de dominación dentro de la cual destaca la iglesia como símbolo de explotación y de alienación ideológica por medio de la cual ha sometido la oligarquía a todo el pueblo colombiano a través de los siglos y desde la llegada de los españoles cuando evangelizaron a nuestros indígenas a punta de espada, lanza y escopeta» (Summarium Documentorum, p. 387).

En el mismo texto afirman:

«Acogemos y respetamos la participación de la iglesia popular en la lucha contra el hambre, la miseria y la opresión» (Summarium Documentorum, p. 387).

Es decir, hacen una distinción entre lo que, por una parte, ellos definen como “iglesia popular” e “iglesia revolucionaria”, y por otra lo que denominan “iglesia reaccionaria” o “iglesia de la oligarquía”. Los miembros de esta última, señalan, defienden sus intereses ideológicos, económicos y sociales y

«no están interesados que en Colombia haya una transformación revolucionaria que acabe con la injusticia y la desigualdad» (Summarium Documentorum, p. 388).

Textos tomados de:  Relatio et vota sul martirio

Marcar el Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *